STOP DESAHUCIOS


No puedo sustraerme a no salpicarme de la mísera realidad de todos los días. Recuerdo cuándo era niño cómo mi madre debía dejarse las horas y los ojos entre puntada y puntada, para sumar pesetas a la castigada economía familiar, ella es de esa clase de gente que echó cara a la vida y luchó humildemente por mantener la dignidad de su casa y de sus hijos, y bien que lo consiguió. Mientras eso ocurría, el casero no paró de incomodarnos siempre que pudo, aunque nunca encontró la manera de que su miserable voluntad se llevara a cabo. Hoy me pongo en la piel de los que pasan por el trance de no poder pagar y ser arrancados de sus casas, con abuelos, hijos, tullidos o jóvenes ya sin esperanzas.

Esto no pinta nada bien, y la usura repudiable a la que son sometidos los ciudadanos por no poder cumplir con sus obligaciones cuándo caen en las redes del desempleo produce sobre todo asco. No es asumible y deberemos encontrar una fórmula por la que todas esas familias que dejan de atender sus compromisos por falta de empleo no pierdan la dignidad de verse arrojados a la calle como si volver a la edad media fuese un acto natural y asumible.

 La banca se está cubriendo de basura, y a una gestión dudosamente profesional le suma esta actitud descontrolada de  gente sin cordura, y esto tenemos que pararlo. Moralmente es inaceptable todas estas actuaciones y la suma de insensateces de no pararse desembocará sin lugar a dudas en un incremento de la inseguridad. Si esto es la justicia preparémonos para vivir bajo un estado estrictamente policial en el que proliferen las bandas de desesperados que se tomen la justicia por su mano. Tenemos la oportunidad de avanzar y dar soluciones coyunturales a situaciones coyunturales extremas y tenemos la obligación humana de ponernos en el lugar del otro y conciliar los intereses con la solución más digna posible.

Mientras debatimos como títeres a la sombra desgañitándonos por el bien o el mal de los partidos políticos, sindicatos y sus consignas, asistimos a batallas de liderazgo entre líderes olvidadizos de ERES repugnantes, o asistimos atónitos al discursos de nuevos libertadores que mascullan estrategias y hacen demagogia sin ningún pudor, mientras todo eso ocurre, seguimos unos frente a otros, ahora que más que nunca deberíamos trabajar juntos, y cambiar el rumbo del miserable destino por el que viajamos sin pedal de freno. Ahora, mientras seguimos distraídos alguien en cualquier lugar es arrojado a la calle, aumenta la lista de desempleados y disminuye en general las esperanzas de salir de aquí con dignidad, y ya se sabe una vez perdida la dignidad vale cualquier cosa. Al fin y al cabo, que opciones les dejamos.



-Lobo, ¿cuándo seremos capaces de dejar de odiarnos tanto?.


Sisinio y sus mañanas.




Aquella mañana, como cualquier otra Sisinio paseaba por la ciudad, aunque siempre terminase cerca del río aspirando el limpio olor a marisma y lodo que le nacía de tan adentro, y al tiempo se cruzaba con el ritmo de la ciudad que bombeaba en cualquier dirección. Como tantas otras veces, allí en medio del puente plácidamente estaba su nuevo amigo José, un ex ferroviario setentón que descubrió en el Hogar del Pensionista. José no renunciaba una o dos veces por semana a echar las cañas por el placer de sentir la picada. Unos más y otros menos, Sisinio y José recordaban días olvidados escritos en viejos papeles ya amarillos y deteriorados. A nadie importaba aquellas aventuras exceptuandolos a ellos, pero sus fines terapéuticos eran asombrosos, y rebuscar en la memoria era encontrar trozos que terminaban conectados formando una sola identidad aunque no lo fuesen, y esbozar una sonrisa a la vista de aquellos paisajes era tonificante. Sisinio y José al observar ese trasiego de almas discurriendo de un lado para otro se preguntaban en un gesto de complicidad como un latiguillo ¿dónde irán?, cerraban instintivamente los ojos y continuaban su charla.

Fotografías: A. Morales (c)

Postales desde New York










"Hay que buscar caminos que no hayan sido transitado antes"
Eduardo Chillida
Fotografías A. Morales (c)

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Sylvia Kristel, adiós al mito erótico de los 70.


Para cuándo Ralph Gatti fotografiase en las playas de Cannes al mito erótico del momento, la actriz protagonista del film erótico Enmanuelle, ya era la comidilla entre los varones de esta provinciana España al saber de las delirantes aventuras sexuales que el film reportaba por aquellos avezados que solían ir a descargar a la cercana Perpignan. Unos años más tardes se exhibiría con gran éxito y no sin escándalo en las destartaladas salas del ruedo ibérico. SK sirvió para empujar un poco más al abismo, aquella cultura religiosa, franquista y ridícula. Los años del aperturísmo que aunque algunos crean que pertenecen a un pasado remoto, no lo son tanto y todos nuestros actuales procederes intelectuales de la política ya sean de izquierdas, derechas, centro, un, dos tres... (perdón que eso era la Yenka) y los jóvenes de los sesenta, bebieron/bebimos -unos más otros menos-  del pasado ostracismo moralizante, estúpido y cuasi militar que eran la norma general, y estos gestos provocadores, (porque el sexo, siempre ha sido una provocación, una obscenidad, el principio de todos los males y bla,bla,bla), no solo nos hablaba de que después del lunes, quedaba semana por vivir,  sino que estábamos a las puertas de que la eclosión hiciera estallar el espejo en el que nos mirábamos, esperando encontrar tras él, un paisaje nuevo, por construir.

Siempre hay mitos eróticos, admirados mientras lo son y sustituidos por otros nuevos, más frescos, así somos de  caníbales, el depredador de la vida moderna no es otro que el consumo y el morbo que nos acompaña comandando la nave, y en su largo camino cada día deja en la cuneta a víctimas que acaban siendo postergadas y olvidadas.  Sylvia Kristel se merece nuestro respeto y consideración, y hoy después que un cáncer, otro más, le haya arrebatado la vida, nos deja su impronta, su obscena y casi inocente manifestación de la libertad sexual que preconizó y que hizo feliz a muchos hombres y mujeres de este país. Que conste que siempre me pareció lacia y poco atractiva por lo que me extrañaba toda la movida, eso si había tetas de por medio y eso lo cambiaba todo. No nos olvidemos de los años de la post censura. No han pasado tantos.

Descanse en paz (ahora si).


Un reto: vivir en paz.


Para Fred, el fotógrafo de la NBC destacado en el triángulo más belicoso de oriente medio, los nacionalismos y las creencias religiosa eran responsables de más muertos en los últimos cuarenta años, que diez bombas atómicas como las de Hiroshima, y las pruebas eran irrefutables, sencillamente una cuestión estadística.

Su experiencia como periodista de guerra le había llevado a muchos frentes. Los altercados eran constantes y la práctica de su hobby favorito, la pesca submarina, se hacía esperar. Solo la calma en este enclave de Líbano, junto al mediterráneo y las fugaces escapadas al encuentro del espectacular coral le sustraían de la desazón que le producía la muerte, tan constante en sus reportajes.

Conocí a Fred en el Hotel Taynal en Damour frente al Mediterráneo a 30 kilómetros al sur de Beirut, formando parte de una delegación de la Stardwood Hotel & Resorts Wordwide durante las negociaciones en búsqueda de alianzas comerciales, con los principales complejos residenciales de la zona, en mi calidad de asesor y experto en el turismo de elite norteamericano. Una feliz coincidencia en la cafetería del hotel nos invito a presentarnos, después otras nos permitió conocernos y entablar una amistad inesperada. La locuacidad y vehemencia de sus comentarios, nos reservaron magníficas tertulias cuándo las circunstancias nos lo permitieron. Se dejaba querer, su excentricidad escondía un viejo romántico. Me confesó que llevaba seis años en aquel triángulo, que había abandonado su puesto en la 7ª, porque necesitaba sentirse periodista, que aquel empleo le estaba ahogando, no había nacido para cubrir acontecimientos sociales. También se alejó de su primera mujer y finalmente se divorciaron a los once meses de estar en Beirut. Me confesó que compartía su vida con una joven cristiana maronita con la que se siente un hombre nuevo, feliz. 

En una de aquellas tertulias ocasionales, entre cafés, pastel de arándanos y jellab, le pregunté si no era demasiado arriesgada su vida, si no sería un buen momento para volverse a los Estados Unidos, él me despachó diciendo que Líbano sería el ultimo país que podría resultar inseguro, que era un paraíso en medio de la sordidez de las disputas de la zona, además tendría que esperar al menos dos años para darle tiempo a Aamaal a que obtuviese el Grado en Filología Anglosajona, siendo una de las alumnas más sobresalientes de la Universidad de Beirut.

Nuestra delegación acabó su trabajo en la segunda semana de noviembre de 1974, ahora comenzaba un período de análisis y debate interno para decidir si invertir o no. El trabajo de campo ya estaba finalizado. Invité a Fred y a su compañera a volvernos a ver a su regreso a New York. En la cena de despedida se mostraron especialmente afectuosos. Me mostraron tanto aprecio que llegaron a conmoverme. Compartimos queso fresco de oveja con aceitunas negras salpicado de un excelente aceite de oliva y una ingente y variopinta cantidad de pequeños platos típicos que denominan mezze, a modo de entremeses. El rigor del vino, nos hizo decir algunas tonterías y no paramos de reinos toda la noche.

Meses más tarde, aquella calma no supo esquivar más la incontinencia de los hombres ávidos de sangre, y estalló una guerra que duraría 15 años. Meses después, el 20 de Enero de 1976, Damour una ciudad de mayoría cristiana, sería atacada por unidades de la OLP. Se contabilizaron 600 muertos civiles, asesinados en la batalla o masacrados después, el resto de la población huyó. Nunca supe la suerte que corrió mi amigo ni su joven compañera. En 1990 se firmó un Tratado de Paz y se amnistió a los excombatientes de las facciones enfrentadas, la paz o algo parecido volvía al paraíso, pero para entonces no menos de 250.000 Libaneses entre hombres y mujeres sellaron con su sangre un nuevo capítulo de insolidaridad y orgullo mal entendidos.

Hoy vuelvo al nuevo Hotel Taynal y recuerdo al apasionado Fred, y brindo por él y por Aamaal y por los planes que nunca pudieron llevar a cabo y maldigo a los profetas que escupen en la cara de aquellos que son diferentes, tienen otro dios o creen que la paz es un objetivo posible.


Imagen facilitada por Eva Castro, editada por A. Morales con efectos Instagram

Diario de navegación.



Hoy, divisamos en el horizonte el paso de un velero. Nuestras escasas fuerzas solo nos permitieron observar su elegante travesía, con la esperanza de que depararan en nosotros, no sucedió por mucho que rezamos. Estas serán probablemente las última anotaciones en este improvisado Diario de Navegación, no quedan víveres y las últimas gotas de agua potable hace días que se acabaron. Desde que sufriéramos el encuentro con los arrecifes y encalláramos, el mar nos estuvo sacudiendo marea tras marea hasta abrir una boca de agua en el debilitado casco y finalmente hacerlo zozobrar ocultando gran parte del mismo, que ahora emerge cual si de un promontorio más se tratase. Durante la jornada del día 17, los hombres fruto de la desesperación se amotinaron encabezados por el jefe de la marinería. Se hicieron con las únicas barcazas que quedaron útiles y abandonaron el barco, dejándonos al resto de la tripulación a la merced de las sacudidas marinas, los escasos alimentos y apenas un par de garrafas de agua ya medio vacías. Pobres ilusos arramplaron con lo poco de valor que pudiéramos tener y las pagas de las que era depositario el capitán hasta llegar a nuestro destino. Sabemos por las Cartas de Navegación, que por la dirección que tomaron solo queda el inmenso océano,  puesto que el grupo de islotes que se perciben no muy lejos son acosadas por corrientes del sur, muy fuertes y que hacen muy difícil la aproximación o te impiden una vez cruzada esa linea, salir de ellas si no cuentas con un potente mástil y viento a favor, siendo además la morada de nativos de los que se dicen son caníbales, y somos conocedores de más de una historia en donde europeos errantes como nosotros terminaron devorados en algún festín, por lo que mucho nos tememos que se encuentren perdidos, extenuados y tan desesperados como nosotros. El capitán decidió quitarse la vida hace hoy tres días, nos dijo que no soportaba más la agonía a la que estábamos abocados y que su ración podría ser más útil a algunos de nosotros con más ganas de vivir. Lo más sorprendente de toda esta desgraciada aventura es estar sumidos en esta desesperanza rodeados de tanta hermosura y belleza, un inmenso mar azul nos rodea y peces de colores muy vivos se acercan a curiosear a este cascarón. No estuvo desacertado del todo en su juicio, los pocos que quedamos con vida, lo hemos hablado en más de una ocasión, no aprendimos nada,  tantos años de adiestramiento no sirvieron para saber estar a la altura de las circunstancias, haciendo un equipo fuerte y compacto, en cambio cuándo llegó este momento crítico, algunos se volvieron locos, otros se olvidaron de cuantos principios habían conocido y aceptado, nos disipamos, volvimos cada uno a la cueva de la escapamos y se volvió a repetir el ciclo. La desesperación crea monstruos y estos se encargan de devorarnos. Aquel viejo espasmo que creíamos superado se volvió a escuchar "¡sálvese quién pueda¡". El mar a su pesar sigue siendo hermoso.

A. Morales (C)

De interés social: las tabernas.




Si aplicas el oído al bisbiseo que fluye entre chatos, copas de vino o cortos de cerveza, estaremos ante la mágica presencia de la respiración más mundana y común, lo que nos hace ser iguales, el latido sobre lo perdurable y perecedero, la atracción por lo inmediato, el instante en el que descabalgamos de nuestras ecuestres monturas diarias para hacernos humanos.

-¡Niño un fanguito que hoy arrastro apetito¡¡.

Fanguito: pincho con base en atún desmenuzado, queso caliente y revuelto con mayonesa, servido en una pulga de pan.

Fotografías: A. Morales (C)

VIII edición de Atlantica Visual-Art
Mi nombre es Adolfo Morales, este Blog es una especie de caja de zapatos en la que voy dejando cualquier cosa que despierte mi interés: fotografías, opiniones, relatos y algún que otro desvarío. Todo desde la más absoluta originalidad y autoría. Si bien me apoyo mucho en imágenes para uso no comercial colgadas en diferentes comunidades, como LA PETITE ECOLE. Llevo desarrollando la plataforma Blogger desde sus inicios, una experiencia que desde el principio me ha deparado muchas satisfacciones y el encuentro personal y virtual con gente muy interesante.
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